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martes, 21 de noviembre de 2017

El Triángulo de las Bermudas

EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS

Era una mañana como otra cualquiera, yo estaba escuchando la radio cuando dijeron algo que me llamó la atención:
- “Se han encontrado cadáveres y barcos hundidos cerca de México, donde se dice que está el Triángulo de las Bermudas. Bueno seguimos con las noticias…” 


En ese momento decidí que iría a investigar, así que me vestí, cogí una maleta, mi mochila y me fui al aeropuerto. 


De camino oí una voz familiar: 
- ¡Adri, Adriana! ¡Contesta! 
Era Javi un compañero de la universidad. 
- ¡Ah!, pero si eres tú, hola Javi ¿qué haces por aquí con esa maleta? 
- Yo venía de visitar a un amigo ¿y tú? 
- He oído en la radio, que en la zona del Triángulo de las Bermudas se han encontrado cuerpos y barcos hundidos, y he decidido ir a investigar. 
- ¿Puedo ir contigo? 
- ¡Claro qué si!


Por el camino estuvimos hablando y cuando llegamos tuvimos que esperar 2 o 3 horas sentados. Yo me aburría como una ostra y pensé: ¿por qué la gente dice eso?, ¿es que las ostras se aburren? 


Cuando por fin nos montamos en el avión Javi dijo: 
- Aquí me hecho yo una siestecita. 
Y le miré y pensé: Este Javi y sus cosas… 
Yo estuve todo el viaje mirando por la ventana y dibujando el paisaje que veía. En el aeropuerto de México le dije a Javi: 
- Como nos hagan esperar mucho les mato. 


Y él se rio. Cuando salimos del aeropuerto empezó a llover y buscamos un hotel. Encontramos un hotel de 5 estrellas que se llamaba Hotel el Picasso. En el hotel nos dieron una habitación y nos dijeron que nos diéramos prisa, que a las 9:00 era el bufet. 
A la mañana siguiente nos fuimos a investigar y encontramos un cadáver de una niña pequeña, Javi le hizo una foto y cuando iba a tomar una muestra de sangre, un policía me dijo que no podía tocar el cuerpo y le enseñé mi permiso (porque yo soy investigadora). Él me pidió disculpas. Analicé la sangre y me sorprendí porque tenía veneno. Y le dije a Javi:
- Javi, la sangre tiene veneno. 

Él dijo que sería cualquier otra cosa y me propuso: 
- ¿Podríamos explorar bajo el agua? 
- Por supuesto -respondí yo. 


Nos pusimos los trajes de buzo y nos sumergimos .Vimos los dos barcos que había y, en uno de ellos había veneno en un tarrito. En ese momento ya suponía lo que pasaba y salimos del agua. En la superficie había periodistas, canales de televisión y mucha, mucha gente. Me empezaron a preguntar que por qué se habían muerto las personas y por qué se hundieron los barcos. 

Yo respondí:
- Las personas se murieron porque los capitanes de los barcos las envenenaron y los barcos los hundieron los propios capitanes. 

Todo quedó resuelto y Javi y yo agotados.
Blanca

miércoles, 28 de abril de 2010

La mansión encantada II

Después de un tiempo esperando, a continuación tenéis la segunda parte de La mansión encantada, el  cuento de misterio de Javi Díez.
Si no has leído la primera parte pásate antes por ella:


Hoy, 26/6/2009

Todavía sigo en esta maldita casa. Desde que vi aquella habitación no he podido pegar ojo. Todavía no me explico qué hacía esa habitación allí, pero no me iba a quedar de brazos cruzados, porque seguiría investigando.


Estaba leyendo un libro de risa cuando mi madre me llamó para que bajase a merendar. Le pregunté queé había de merienda, fresas, puaaaajj. Me fui a dar un paseo a ver si me despejaba un poco, estuve pensando si a mi tía la mataron en esa habitación. No, mi tía murió de un infarto.

Se estaba haciendo tarde, tenía que volver a casa antes de la hora de cenar. De pronto, una inmensa niebla lo cubrió todo. Y así es como estoy aquí. He buscado a ver si hay una señal o algo que pueda indicarme por dónde se va. Esperad, creo que veo algo, es un casa, no, más bien es un edificio. Por el estado en el que está, creo que fue demolido a finales del siglo XX. Está empezando a llover, como no hay otro sitio donde resguardarse, será mejor que entre en el edificio. Hay muchas escaleras, demasiadas, también hay un viejo ascensor, pero será mejor no arriesgarme a ver si funciona o no. Tengo que subir por las escaleras.

Uffffffff, ya he llegado hasta arriba. Oigo ruidos, será un animal, no, está tosiendo. Me voy a acercar, le he visto la cara, es una mujer mayor, yo diría que de 64 años. Su cara me resulta muy familiar. ¡No lo puedo creer! Es mi tía. Casi no se la reconoce después de 2 años. Está sucia y su ropa está destrozada. Le digo que por qué no está muerta. Al cabo de un rato por fin me habla. Todavía estoy atónito. Es que no puedo creer que esté viva. Dice que todo fue una farsa inventada por ella. Que con dinero se puede hacer todo. Lo hizo porque ella tiene algo que nadie tiene y que hay una especie de gente que hace lo que sea por conseguirlo. Le he dicho que si se puede venir a casa. No la he podido convencer. Por lo menos sé un sitio donde puede estar segura. Ya sé que está en mi casa. Pero si mis padres no se enteran todo saldrá bien.

Ya en casa, distraje a mi madre mientras ella entraba en los pasadizos. Todas las mañanas le llevo algo de comer. Un día, ya harto de esperar, le pregunté que de quién era esa habitación. Quién la usaba. Me responde que fue de un antiguo compañero. Murió allí porque alguien le puso una mini bomba muy eficaz en la comida. Estaba programada para las 12:00. Y en efecto, explotó esa misma mañana. Mi tía escondió el cadáver, bueno, los trozos que quedaban. Lo hizo porque nadie le iba a creer cuando dijera que ella no había sido.

Se me ha puesto el estómago revuelto. No tengo ningunas ganas de cenar, así que le digo a mi madre que ya he cenado mientras estaba fuera. A la mañana siguiente me despierto con más hambre que un lobo. Me harto de desayunar. Huevos revueltos, bacon, salchichas y después, churros con chocolate. Madre mía, estoy llenísimo. Estaba tumbado en el sofá cuando de repente llaman a la puerta. Era un hombre, todo de negro, preguntaba por mi tía. Supuse que era de los malos, o sea que cerré la puerta. Fue cerrarla y de repente una fuerte patada la destrozó. El hombre llevaba una pistola y empezó a disparar por toda la casa. Cogió a mi madre y le preguntó otra vez que dónde estaba mi tía. Subí corriendo a mi habitación. Tengo una vara de hierro que guardo siempre en caso de urgencia y ahora era una urgencia. Bajo a toda prisa y cuando tengo al hombre delante, ¿sabéis qué hago? Pues le pego un enorme golpe en la entrepierna. Se retorció tanto que cayó al suelo y ya veréis como no se levanta.

Primero veo si mi madre está bien. Ha sufrido algunos rasguños y heridas. Pero ella es fuerte. Corriendo y aprovechando que mi padre estaba con mi madre, fui a los pasadizos. Le cuento a mi tía todo. Y me dice que para acabar con todo hay que quemar la figura en los montes Fogueros. Hay mucho peligro, pero es la única forma de que todo esto acabe y nos dejen en paz. No quiero correr más riesgos sobre lo que ha pasado hoy. Llegó la hora, de decírselo a mis padres y de viajar para allá. 
Más o menos mis padres se lo han tomado bien. Lo más difícil fue contarles lo de mi tía. Pero lo del viaje, lo han aceptado, aunque mi tía no les ha dicho que es peligroso porque si no no me dejarían ir.

Nos dirigimos a la estación de tren. Será un viaje largo. Pero yo creo que se me va a pasar rápido. Después de un día y medio ya hemos llegado. Todo el viaje estuvimos hablando sobre qué tenemos que hacer y todo eso. Nos pasamos la noche en un hotel. Mañana empezaremos la gran aventura. Correremos una aventura emocionante y llena de acción.

Pero eso si os portáis bien. En la 3 terminará la historia.
Javi Díez, 6º A 

viernes, 30 de octubre de 2009

La mansión encantada

Jueves 26 de septiembre, y aun sigo aquí, en la mansión que la tía Ágata nos ha dejado de herencia; mis padres quisieron venir aquí porque dicen que es una buena forma de recordar siempre a nuestra tía. En principio, yo no quise venir, porque creí que estaba habitada por fantasmas (y aún lo sigo creyendo).

Lo primero que hice al llegar a este lugar tan siniestro fue ir a ver mi habitación. Cuando la vi me asusté, ya que había un montón de cucarachas correteando por la habitación. Nada más tumbarme en la cama llena de telarañas una pata se rompió y me caí al suelo al mismo tiempo que aplastaba a una cucaracha con el culo. Por cierto, se me ha olvidado deciros que me llamo Javi, tengo once años y vivo en Madrid.

Después de lavarme fui a ver el lago, mientras andaba tropecé con algo y salí rodando. Al llegar al lago me encontré a un pobre ciervo tumbado entre las hojas, después de verlo un poco me di cuenta de que tenía un mordisco, seguramente de algún lobo hambriento. Entonces me fui otra vez a la mansión de mi tía.

Mis padres estaban preparando mi comida preferida: espinacas con bechamel. Me senté en la mesa, que por cierto estaba llena de polvo y empecé a comer. En dos minutos me terminé el plato y le dije a mi madre que si podía repetir. Enfadada, me hizo un gesto negativo con la cabeza, seguramente se enfadó porque me había terminado las espinacas muy deprisa y no había esperado a que mis padres se sentasen en la mesa.

Como me quedé con hambre me fui a mi habitación y saqué una chocolatina que había cogido de la cocina sin que mis padres se diesen cuenta. Cuando me acabé la chocolatina me puse a buscar en la biblioteca de mi tía. Vi libros muy interesantes, pero me llamó la atención una pequeña palanquita que había escondida entre dos libros. Vencido por la curiosidad agarré la palanca y tiré de ella, en ese momento una estantería se giró dando paso a un estrecho túnel.

Como mis padres estaban en el salón echándose la siesta, bajé por el túnel. De pronto me di cuenta de que la entrada se estaba cerrando, corrí a ella pero me fue imposible salir. Me asusté porque se quedó todo oscuro. Menos mal que tenía en mi bolsillo la pequeña linterna que me regaló mi abuela. Había un sinfín de escaleras, por lo que tardé cinco minutos en bajar. Miré el reloj y me di cuenta de que faltaba media hora para que sonara el despertador que mi padre había puesto. Miré a mi alrededor y vi que había tres túneles, ¿por cual debería pasar? Al final me decidí por el del medio.
Cada vez estaba más y más oscuro y se me estaban empezando a gastar las pilas de la linterna. De repente me adentré en un pequeño hueco por el que casi no cabía. Algo me asustó, pensé que era un animal, no, habría sido solo una telaraña. Después de tres minutos de caminar vi una luz, caminé hacia ella pensando que podría ser una salida, me equivoqué, no era una salida sino una habitación.
Asustado, entré despacio pensando que había algo o alguien allí adentro. De repente se apagó la linterna, esto era peor que todos los libros de terror que había leído, encontré un interruptor, le di y de pronto vi algo que me asustó tanto que hasta me mareé. Estaba toda la habitación llena de sangre. En esta habitación debió de suceder algo espantoso.

Una puerta se abrió y me di cuenta de que estaba otra vez en el sitio donde empecé. Salí de aquel túnel y me dirigí a mi habitación. Mis padres todavía no se habían despertado, pero seguí sin tranquilizarme.

Ahora tenía un objetivo: saber qué pasó en esa habitación y en esa casa.

Continuación:

La mansión encantada II

Javi Díez, 6º A

lunes, 1 de diciembre de 2008

La princesa y el mago

Esta historia sucede en el año 2000 A.C. en Filipinas, Asia.

La princesa iba caminando y se encontró una lámpara que contenía un mago en el interior. La princesa, como era muy egoísta y lo quería todo para ella, le pidió al mago todas las cosas del mundo.

El mago le concedió el deseo.

La princesa estaba muy contenta de tener todas las cosas del mundo. Pero se dio cuenta de que estaba sola y no tenía a nadie. Le pidió al mago que borrara el deseo, pero el mago le dijo que no podía hacer eso.

De pronto a la princesa se le ocurrió una idea, pensó que le podía regalar a los niños todas las cosas.

Y a si lo hizo. Todos los niños estaban muy contentos y la princesa también.
Chema, 5º A

Yasmim

Érase una vez un genio que vivió 2.000 años antes de Cristo. El genio poseía el poder de la lámpara mágica, pero solo podía dar 3 deseos a cada persona.
Un día de verano vino una princesa llamada Yasmim que le dijo:

- ¡Quiero un único deseo!

- ¿Cuál? -preguntó el genio.

- ¡Ser feliz con un príncipe! -respondió Yasmim.

El genio la obedeció. Entonces, un día, Yasmim encontró un príncipe en una alfombra voladora y la invitó a probarla. Ella aceptó.
En el camino, ellos se enamoraron. Pasados unos meses se casaron y fueron felices.

Chantrelly, 5º A

La princesa egoísta

Érase una vez una princesa que vivía en el año 2000 antes de C. en Asia.
Un día, en el castillo se encontró una lámpara en cuyo interior vivía un mago. La princesa le pidió todas las cosas del mundo y al final, el mago, por ser tan egoísta la castigó en el interior de la lámpara hasta que aprendiera a compartir.
Marta, 5º A

domingo, 30 de noviembre de 2008

La princesa y el mago

Había una vez una princesa que era muy avariciosa. Ella nació en el año 2000 a.C. y en Asia. Una vez, cuando fue con sus padres a comprar, vio una lámpara preciosa y sus padres se la compraron.

Cuando llegó a su casa se dio cuenta de que no era una simple lámpara sino que, sin querer, la frotó y apareció un mago que le dijo que le concedería 3 deseos.

Después la princesa le dijo que quería todas las cosas del mundo. El genio le concedió el deseo y le dijo que todavía le quedaban 2, pero justo en ese momento la princesa vio por la ventana a niños y niñas pidiendo limosnas y a la princesa le latía el corazón de la pena que le daba. La princesa le dijo al mago que en el segundo deseo pediría que no hubiera más gente pobre y en el tercero que nadie más pasara hambre, y los tres deseos se cumplieron a los cinco minutos.

Así terminó el cuento de la princesa avariciosa y el mago, pero se rumorea que desde ese día la princesa no volvió a ser mas avariciosa.
María, 5º A

Cuento de la princesa y el mago

Éranse una vez una princesa y un mago. La princesa vivía en Asia en el año 2000 antes de Cristo,y el mago vivía en una lámpara.
La princesa era muy egoísta y maleducada. Un día encontró una lámpara mágica, la frotó dos veces y apareció el mago y le dijo que sólo le concedería un único deseo. La princesa, como era muy egoísta, le pidió todas las cosas del mundo: estrellas, mares, ríos...
El mago le concedió el deseo creyendo que sería más feliz, pero se equivocó, y al cabo de 3 días la princesa no era feliz.
En ese momento comprendió que teniendo todas las cosas del mundo no iba a ser más feliz que todos, si no compartiendo y respetando a los demás era como iba a ser más feliz que antes.

Carmen, 5º A

La princesa y el mago

Érase una vez una princesa muy egoísta que vivía en un castillo y solo pensaba en tener todas las cosas del mundo porque creía que si tuviera todo sería mucho mas feliz. Vivía en el año 2000 A.C. en Asia.
La princesa, paseando al lado del río por el camino que siempre paseaba, encontró una lámpara con un mago dentro. Como era tan egoísta, le pidió que le concediera todas las cosas del mundo.
Después se dio cuenta de que había pedido cosas buenas y malas y nunca volvió a ser egoísta.
Daniel, 5º A

El triste paseo de la princesa

Había una vez, hace mucho tiempo, una princesa llamada Estrella.

Tenía el pelo rubio y los ojos azules, le gustaba llevar un vestido rosa, unos pendientes largos y zapatos de tacón blancos, y le gustaba montar a caballo.

Un día, estaba paseando con su caballo y se encontró con un mago muy malo. El mago le hizo un hechizo a Estrella y la convirtió en rana. Después estuvo largo rato riéndose de la princesa. Ella lloraba desconsolada.

Los animalitos del bosque se pusieron tristes y a la vez furiosos porque estaba haciendo sufrir a la bella niña. Todos dejaron de ser sus amigos y el mago pensó que se iba a sentir muy solo en su querido bosque, por lo que al cabo de un rato, el mago dejó de reírse de ella, pero la princesa seguía siendo una rana

Finalmente, al mago le dio pena y la convirtió otra vez a su estado normal. La princesa dejó de llorar y le dio las gracias al mago y a todos los animales del bosque.

Después el mago y la princesa fuero grandes amigos.
Franci, 5º A

La princesa mala que se convirtió en buena

Éranse una vez una princesa y un mago que vivían en Asia. Un día la princesa encontró una lámpara en su castillo encantado, salió un mago y la princesa le pidió que le concediera todas las cosas del mundo.

El mago se asustó al ver que una princesa pidió ese deseo. Entonces del susto tan grande que se metió, el mago le dijo que no le iba a conceder el deseo hasta que no se portara bien.

Al cabo de un mes la princesa se volvió buena y entonces el mago se lo concedió.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Clara, 5º A

La princesa y el mago

Érase una vez en el año 2000 a.C., en un lugar muy remoto de Asia había una princesa que, paseando cerca de su castillo, encontró un lámpara de oro, la cogió y la frotó, y cuál sería su sorpresa que de ella salió un mago que le dijo:

- Por haber frotado la lámpara te concederé tres deseos.

La princesa respondió:

- Quiero todas las cosas del mundo que puedan hacerme feliz.

El mago le dijo que eso era imposible, puesto que todas las cosas del mundo era más de tres deseos. La princesa se enfadó mucho, pero el mago le contestó muy amablemente, que sólo le concedería los tres deseos cuando cambiase y se convirtiera en una buena persona, amable y bondadosa con los demás, y dejase de pensar solamente en ella.

La princesa pensó mucho en lo que el mago le había dicho y decidió cambiar su actitud y desde aquel día se convirtió en una princesa feliz, amable y considerada con las demás personas.

El mago, viendo el cambio producido en la princesa, le concedió los tres deseos y la princesa los empleó en hacer el bien a los demás.
Irene, 5º A

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Un conejo al que le crecían los dientes

Érase una vez un conejo llamado Orejitas, al que le crecían mucho los dientes. Un día por la mañana decidí llamarle Ronaldinho pero surgió una cosa, que mi conejo no era del Barca, era del Madrid; entonces le puse como ya os dije antes Orejitas. A él, el jugador que más le gusta es Sergio Ramos, pero también Raúl, Casillas, Van Nistelrooy…

Un sábado por la tarde-noche, estaban jugando el Madrid contra el Barca. Entonces decidí llevarme a Orejitas al salón a ver el fútbol para ver qué hacía. Le senté en el sofá al lado mío y de mi madre con un paño debajo para que no manchase el sofá.


Después de que pasara un rato, Sergio Ramos hizo una jugada, después le pasó el balón a Van Nistelrooy para que marcase un gol, pero se lo paró Valdés.


Al final Sergio Ramos marcó un gol gracias al pase de Van Nistelrooy, y mi conejo se alegró porque marcó su ídolo.

Irene

sábado, 27 de octubre de 2007

El dragón

Había una vez un niño que tenía un dragón, un día salió a jugar con él a la calle y se le perdió.

Al día siguiente fue a llamar a sus amigos y les dijo que si habían visto a su dragón y sus amigos le dijeron que no.

Al cabo de unos días vio algo detrás de un coche, fue a verlo pero no era su dragón. Le entró mucha pena porque era uno de sus juguetes preferidos.
Un día el niño le dijo a sus padres que se le había perdido el dragón, no se lo había dicho antes porque se lo habían regalado ellos una vez que estuvo enfermo y sus padres le tenían mucho cariño al juguete, pero ahora tenía
que decírselo.

Pasó el tiempo y no se encontró, pero el niño no pasaba un día en el que no pensara en su querido dragón y en su interior nunca perdía la esperanza de que un día aparecería en donde fuese, se sentía muy triste y deseaba con
fuerzas volver a tenerlo con él.

Los padres viendo su tristeza le compraron otro igual y el niño se lo agradeció a sus padres pero pidió que lo devolvieran puesto que él quería el suyo porque este se lo compraron para sustituir al otro que se había perdido, pero el otro tenía el significado de que se lo habían regalado por estar enfermo.

Llevaba desde chico con él y le tenía cariño.

A las tres semanas fueron a ver a unos tíos suyos que no veía muy a menudo porque vivían muy lejos.

Después de llevar tan sólo diez minutos en casa de sus tíos le dijo su tía:


-¡Ah! Álvaro, tu primo se trajo el otro día cuando estuvimos en tu casa tu dragón entre sus juguetes sin darse cuenta y te lo he guardado dentro del mueble para que no se perdiera porque sé que le tienes mucho afecto y no quería que tu primo, siendo tan pequeño pudiera rompértelo, aquí tienes.


El niño cogió su dragón entre sus brazos y rió alegremente dándole un gran beso a su tía por lo feliz que era en esos momentos.
Desde aquel día nunca se separó de él y nunca más volvió a perderlo de vista cuando salía a la calle y tampoco cuando venía su primo a visitarles.

Abraham

lunes, 22 de octubre de 2007

Una historia de miedo para mi nieto

Un día Mike le contó una historia de miedo a su nieto que era así:

Cuando Mike era pequeño vivía en un pueblo en los alrededores de Madrid y todas las tardes, además de jugar siempre iba a ver la tele del bar de su padre en la que casi siempre echaban películas de miedo en las que habían desapariciones en ferias. Pero lo que a él verdaderamente le llamaba la atención era la noria.

Poco después de ver esas películas fue a Madrid a la boda de su tía Mariana. Cuando estaba llegando vio a lo lejos una gran noria y preguntó si podrían ir a ella antes que a la boda, puesto que la celebración era por la noche. Al momento de llegar allí un hombre con pinta de loco les dijo que estaba averiada.

Después de estar toda la tarde buscando a un mecánico para arreglar la noria su padre les dijo que era hora de irse a la boda. Cuando iban entrando a la iglesia se dio cuenta que en el coche del novio había un cartel en el que decía que era mecánico.

Al finalizar la boda le preguntó al novio si podría arreglar la noria y le dijo que después iría a echarle un vistazo.

Al llegar a la feria todos empezaron a montarse en las atracciones mientras el novio arreglaba la noria. Pasado el tiempo se dieron cuenta de que desde que el novio entró en la caseta de la maquinaria de la noria no había aparecido. Al momento todos empezaron a buscarle.

Poco a poco iba desapareciendo más gente. Entonces Mike se dio cuenta de que la última vez que vio la puerta de la maquinaria, estaba cerrada. Al final se decidió a entrar, vio al novio y a toda la gente que había desaparecido. Entonces observó que la puerta se cerraba y que el hombre con pinta de loco iba hacía él. En ese momento se armó de valor y se dirigió hacia el hombre e intentó empujarlo, pero el hombre lo esquivó. Gracias a que el suelo estaba mojado se resbaló y mientras caía se golpeó con un palo en la cabeza y Mike los salvó a todos.

Desde aquel día su nieto tuvo varias pesadillas por temor a que le pasase lo mismo en la feria.

Carlos

sábado, 20 de octubre de 2007

Caperucita Dorada

Érase una vez una niña llamada Noelia, a la que llamaban Caperucita Dorada. Iba una vez por semana a ver a su abuela. Un día llegó a casa de su abuela y vio toda la casa llena de dinero, lo metió en su mochila y se fue, comiéndose el pastel que era para su abuela.

Exclamaba por el camino:

- ¡Soy rica!

Cuando llegó a su casa, metió la mochila debajo de la cama. Al día siguiente, su madre, fregando la habitación, se resbaló y se hizo mucho daño. En ese momento, se fueron al médico, quien le dijo:

- Usted se ha roto la tibia y el peroné.

La madre le dijo que no tenía seguridad social, la niña saltó diciendo que tenía dinero ahorrado.

La madre le preguntó:

- ¿De dónde lo has sacado?

- Llevo ahorrándolo toda la vida -dijo la niña.

Al cabo de tres meses, la madre, fregando la habitación de Noelia, se encontró la mochila con el dinero dentro.

Cuando llegó Caperucita Dorada del colegio, entrando por la puerta, se encuentra un guantazo.

La niña le preguntó a su madre:

- ¿Por qué me pegas?

- ¿Por qué le has robado el dinero a tu abuela?

- ¿Cómo lo sabes? -preguntó la niña.

- Porque tiene el nombre grabado en los billetes –le dijo la madre.- Este dinero se lo devolvemos a tu abuela y tú, jovencita, estás castigada todo el año.

Y colorín dorado este cuento se ha acabado.

Pablo

viernes, 19 de octubre de 2007

Pollo, el rapero

Había una vez un agapornis llamado Kiwi que desde su nacimiento quería ser rapero. Era delgado y con muy buena forma física, ya que hacía ejercicio diariamente. Desde que tuvo edad para vestirse como él verdaderamente quería, siempre llevó una gorra negra y una camiseta muy ancha de color rojo, que tenía en medio una P de color negro. Él siempre quiso que su nombre artístico fuera ''Pollo, el rapero''.
En el colegio siempre estaba ideando canciones para sus futuros discos, pero, a pesar de su distracción él siempre fue un buen estudiante.
Kiwi siguió creciendo, pero ya hacía 2º de bachillerato y no tenía ni idea de qué podía estudiar; no había ninguna carrera que enseñara rap y él estaba convencido de cumplir su sueño: llegar a ser un famoso rapero, el mejor del mundo.
Pensó y pensó hasta que llegó a la conclusión de que tenía que hacerse publicidad por todo el mundo para atraer la atención de los productores y del público. Así que hizo muchos posters y los colgó por toda su ciudad, pero esto no bastaría y llamó a todos los amigos que tenía viviendo en otras ciudades, países o incluso en otros continentes y les dijo que hicieran lo mismo que él con la esperanza de que alguien se interesara y lo llamara para trabajar en algún disco.
Nadie podría imaginarse la felicidad que sintió Kiwi al coger el teléfono y descubrir que era uno de los productores con más prestigio de toda Europa. Aunque, tuviera que viajar a las Islas Británicas y dejar sus estudios, esto a él no le importaba ya que se iba por algo que verdaderamente deseaba.

Pasaron unas semanas antes de que se fuera, pero por fin era el gran día, faltaba sólo una hora y estaba revisando su maleta, se ausentaría por cuatro meses.

El barco ya estaba allí, esperando a que los pasajeros se montaran. Kiwi ya estaba en él hacía un rato. Oyó unos gritos, después un ruido muy fuerte, y tras este, el barco empezó a moverse. Todo el mundo decía adiós a sus familiares y a sus amigos, y él también lo hacía.

Ya había estado mucho tiempo en aquel barco y quería bajar, a todos los que preguntaba le decían que faltaba poco, pero él empezaba a impacientarse. De repente, el barco se movió bruscamente, y todo el mundo cayó al suelo. ¡Pum! otro movimiento, y aún más fuerte que el anterior. Al tercer movimiento dos personas cayeron por la borda y antes de que les diera tiempo a caer al agua, salió un gran tiburón y se los comió.
Todo el mundo estaba aterrorizado y todos creían que ese tiburón sería lo último que verían en su vida, algunos hasta se tiraban al agua. Los agapornis no podían volar si estaban angustiados, desesperados, y muertos de miedo, y en aquella situación todos lo estaban.

El tiburón no tardó en destruir el barco, pero Kiwi aún tenía esperanzas. Respiró hondo, intentó tranquilizarse y puso toda su atención en volar, sólo pensaba en volar. Pero, Kiwi sabía que era imposible despegar desde el agua. El tiburón iba hacía él, estaba muy cerca, pero él mantenía la calma. Cuando estuvieron casi pegados Kiwi saltó sobre el tiburón, y rápidamente pensó en volar, sólo quería volar. El tiburón se movía con tanta rapidez que Kiwi se cayó, pero justo en el momento que iba a tocar de nuevo el agua, echó a volar.
Desde arriba gritó rápidamente a los agapornis lo que había hecho, y todos repitieron sus pasos. Aunque a algunos les costó, todos lo consiguieron. Cuando el tiburón se rindió y se fue todos volaron hacía donde el barco debería haberlos llevado.

Llegaron al puerto muy cansados y en cuanto tocaron tierra por primera vez en mucho tiempo tuvieron que llevarlos a una sala en la que pudieran sentarse. Después de un rato todos se habían ido, pero Kiwi aún estaba esperando. Por fin llegó una persona preguntando por él, era el productor, era rubio, delgado, y muy alto. Parecía simpático, aunque no tenía por qué serlo.


Pasaron cuatro meses y Kiwi volvía a casa, pero esta vez en avión, aunque, no era precisamente un avión público, sino un avión privado que compró con su propio dinero, y además ahora era conocido por más de medio mundo con el nombre de Pollo, el rapero.

Su sueño se había hecho realidad, era famoso. Su éxito era un enigma para todo el mundo, nadie sabía cómo se hizo tan famoso en cuatro meses, pero eso a él no le importaba, el sólo sabía que era una estrella del rap.
Mª Cristina Pineda Huertas.

Pío Pin y sus amigos

Hace mucho tiempo, un pájaro que vivía en un bosque quería de mayor ser mensajero para enviar cosas importantes.
Cuando fue mayor envió una solicitud para ser mensajero, al cabo de dos meses le dijeron que era mensajero, pero tenía que ir hasta la otra punta del bosque a trabajar.
Inició su camino al día siguiente. Al principio todo era muy fácil, tenía que ir hacia el norte, pero cuando llevó un rato volando se perdió. Iba a preguntar a alguien para que le ayudase, y se encontró con un topo y le dijo:
-¿Cómo te llamas?
Y el topo le respondió
-Soy Top Topín.
-Me puedes indicar hacia dónde esta el norte? - dijo Pío pin.
-Sí, hacia allí -respondió Top Topín.
–Gracias, ¿quieres venir conmigo? voy hasta la otra punta del bosque para ser mensajero- dijo Pío Pin.
–Vale- dijo Top Topín.
Top Topín se puso a la espalda de Pío Pin y empezaron su viaje, cada vez había más zarzas y más árboles. Luego se pararon donde estaba una ardilla para saber si iban en buena dirección. Entonces Pío Pin le preguntó:
-¿Cómo te llamas?-
Y la ardilla le respondió:
- Soy Ardi Ardilla.
-Hola Ardi Ardilla, soy Pío Pin y este es mi amigo Top Topín, ¿sabes si voy hacia el norte? -dijo Pío Pin.
-No, vais al Este, si queréis os acompaño -dijo Ardi Ardilla.
-Vale -le respondieron Pío Pin y Top Topín.
-Ah, pero antes tenéis que saber que hay un halcón que se llama Halco Halconerius, está en el norte y va contra todos los animales que van hacia allí -dijo Ardi Ardilla.
-¿Y es muy fuerte? -preguntaron temblando Pío pin y Top Topín.
-Si -dijo Ardi Ardilla.
–Uhh -respondieron temblando Pío Pin y Top Topín.
Y Pío Pin, Top Topín y Ardi Ardilla se fueron hacia el norte.
Luego llegaron a la zona donde estaba Halco Halconerius y Ardi Ardilla dijo:
-Vamos por abajo, andando por el suelo, en silencio para que Halco Halconerius no nos vea.
-¿Pero los Halcones no ven muy bien desde lejos? -dijo Pío Pin.
–Por eso he dicho que vayamos en silencio -dijo Ardi Ardilla.
Fueron en silencio, pero Ardi Ardilla vio una bellota y no pudo resistirse y se fue corriendo a por ella. Entonces, como hizo ruido, Halco Halconerius los vio y bajó en picado a por Ardi Ardilla, que estaba distraída con la bellota. Pero Top Topín fue más rápido y apartó a Ardi Ardilla. Entonces fue Pío Pin y se los llevo volando. Halco Halconerius les estaba persiguiendo todo el rato a poca distancia, estaban todo el rato dando vueltas por el bosque cuando Pío Pin dijo:
-¿Y si llamamos al águila policía Algui Alguilius?
-Buena idea- dijeron Top Topín y Ardi Ardilla.
Y Pío Pin salió volando hasta donde estaba Algui Alguilius, que por suerte era donde iba a trabajar Pío Pin.
Llegaron allí y le dijeron a Algui Alguilius que les estaba persiguiendo Halco Halconerius y Halco Halconerius no volvió a molestar a nadie.
Luego Pío Pin le dijo al señor del lugar donde iba a trabajar:
-Señor soy Pío Pin y vengo a trabajar.
-No me digas señor, dime Ciüi Cigüeña y sí puedes trabajar.
-Genial, pero, ¿pueden trabajar mis amigos conmigo? -dijo Pío Pin.
-Claro- respondió Cigüi Cigüeña.
Y vivieron felices y comieron perdices.
Javier Sánchez

jueves, 18 de octubre de 2007

Javier y las flores mágicas

El chico de esta historia se llama Javier, que siempre tenía la costumbre de regar a diario sus plantas del jardín.
Crecían grandes flores con enormes pétalos y un intenso aroma. Estas flores tenían una gran diferencia con las demás flores, esto es porque cuando alguien las miraba cambiaban de color según el estado de ánimo de quien las mire.
Así, pasaban del rojo alegría al gris tristeza, del vivo amarillo al marrón tranquilo. Pero tenían una única cosa mala, que quien se pusiera delante de la flor y estuviera pensando algo malo, le pasaría una catástrofe al dueño, en este caso a Javier.


Un día, su vecino Alberto, que era muy envidioso, siempre miraba a Javier cómo regaba sus plantas. Entonces cuando Javier se fue a la calle a dar un paseo, el vecino que tenía las llaves de su casa que se las había dado la madre Javier por si alguna vez se las dejaban dentro, entró en la casa, se fue al jardín y se fue donde estaban las plantas, pero pensó: si las cojo ahora cuando venga Javier se dará cuenta. Decidió que se la robaría por la noche, entonces, como estaba delante de la flor, pronto le pasaría algo malo a Javier.
Antes de llegar a casa, cuando estaba de vuelta, unos ladrones le secuestraron.
Cuando pasaron veinte minutos sus padres llegaron de trabajar y se preocuparon un poco. Pasaron cuarenta minutos más y llamaron a Óscar , su amigo, pero decía que no sabía dónde estaba. Llegaron a comisaría los padres, y les dijeron a los policías que su hijo había desaparecido.
Javier sospechaba que alguien seguro que había estado delante de la flores; pero esas plantas tienen unas semillas especiales que si las metías en una hoja de rosal pedías un deseo y se te cumplía.
Entonces tenía que ir al parque de los rosales para coger una hoja. Cuando eran las nueve de la tarde (que lo habían secuestrado a las ocho) estaban en los aparcamientos de la tienda de música de las afueras, se durmieron en el coche del secuestro y él estaba atrás en el maletero atado; uno de los que estaban atrás en el asiento trasero tenía el móvil en el apartado de la puerta del coche. Con un palo intentaba cogerlo por una cuerdita que tenía el móvil. Cuando lo consiguió llamó a Óscar que urgentemente cogiera una hoja de un rosal y la trajera a la tienda de instrumentos de las afueras de la ciudad y que le dejara la hoja en puerta.
Cuando se despertaron los secuestradores, iban a seguir el camino pero Javier dijo que si podía entrar en el servicio de la tienda de música, entonces cogió la hoja y dijo que ya no tenía ganas de ir al servicio.

Entonces se metieron en el coche y lo llevaron al maletero; cogió su semilla del bolsillo (que siempre llevaba una), la apretó con la hoja de rosal y pidió el deseo, que volviese a su casa.

Eva Palma Gordillo

Los cuatro hermanos

Un leñador tenía 4 hijos. Cuando se hicieron mayores decidieron y a buscar trabajo. Se despidieron de su padre y se marcharon cada uno por un camino.
Andrés el mayor, caminó todo el día, por la noche encontró una cabaña y paso allí la noche. Al día siguiente Andrés le dijo al hombre que si podía trabajar para él y el hombre le respondió:
-Si quieres puedes quedarte, pero soy ladrón, si te quedas tendrás que ayudarme.
Andrés aceptó.
El segundo hijo, llamado Tomás, buscó refugio en otra casita, en la que le recibió un anciano. Tomas dijo:
-Por favor ,¿puedo quedarme aquí y ayudarle en su oficio?
El anciano dijo:
-Sí puedes quedarte. Ah, por cierto, soy astrónomo.
Pronto Tomás comenzó a ver cosas que su maestro no podía ver.
Mario, el tercero, también buscó refugio, vio una mansión y se dirigió hacia ella, le abrió la puerta un hombre fuerte. Mario le preguntó:
-¿Puedo quedarme aquí y ayudarle en su oficio?
A lo que el hombre respondió:
-Vale, soy cazador.
Mario progresó tanto que superó a su maestro.
Y Luis, el cuarto, entró de ayudante en una sastrería, la sastrería nunca había tenido tanto éxito, como cuando llegó Luis.
El 12 de enero de un año decidieron volver a casa para visitar a su padre.
El padre dijo:
-Muy bien cada uno ha aprendido un oficio distinto, es hora de probarlos todos, mañana al amanecer los probaremos.
Llego el día de probar los oficios. El padre dijo:
- Tomás, dime cuántos huevos hay en la rama de aquel arbol.
- Cinco -respondió Tomas sin dudarlo ni un instante.
El padre dijo:
-Andrés, retira los huevos del nido sin que el pájaro que los vigila se dé cuenta.
Andrés lo consiguió.
El padre puso los huevos en una mesa y dijo:
-Mario destruye de un tiro todos los huevos.
Mario lo consiguió.
Y al final el padre dijo:
-Luis, cose los huevos de forma que parezca que no han sido tocados.
Luis lo consiguió.
El padre dijo:
-Hijos, todos habéis hecho bien vuestros oficios, continuad en busca de fortuna.
Los hijos volvieron a marchar y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Andrea